Este informe, basado en información de fuentes anónimas dentro de círculos políticos y electorales, detalla actividades coordinadas que influyen en la consulta interpartidista para las elecciones presidenciales de Colombia en 2026. Datos verificados de la Registraduría Nacional del Estado Civil confirman que el 61% de las más de cinco millones de firmas presentadas por Abelardo De La Espriella fueron invalidadas, incluyendo 1.437.677 identidades inexistentes, 1.025.663 duplicados, 273.000 entradas ilegibles y 159.700 formularios en blanco.
Las campañas vinculadas a Vicky Dávila y Abelardo De La Espriella invierten 2.000 millones de pesos en publicidad digital, con pagos adicionales a periodistas para desacreditar a competidores como Juan Carlos Pinzón, Paloma Valencia y Enrique Peñalosa. Estos esfuerzos incluyen el targeting de palabras clave en plataformas como Google, posicionando las propuestas de Dávila en la cima de los resultados de búsquedas sobre consultas de rivales.
Existe una alianza estratégica entre Dávila y De La Espriella, respaldada por la familia Char—una casa política prominente de la costa Caribe—que proporciona financiamiento en ámbitos digitales, políticos y regionales. Esta asociación desalienta la participación en la consulta y promueve la candidatura de Dávila, permitiendo a De La Espriella mantener control sobre nueve elementos clave de la consulta.
Periodistas afiliados a Dávila, financiados por De La Espriella, realizan entrevistas a candidatos y al expresidente Álvaro Uribe para presentarlos de manera desfavorable.
Un equipo bajo Andrés Aguilar, quien gestionó la recolección de firmas de De La Espriella donde tres millones resultaron inválidas, mantiene acceso interno en la Registraduría para manipular votos en procesos manuales y digitales. Esta influencia se extiende por más de una década, originándose durante la administración del exregistrador Carlos Ariel Sánchez.
Las campañas del Centro Democrático, incluyendo las de Pinzón y Peñalosa, asignan recursos a liderazgos internos en lugar de inversiones esenciales, resultando en retrocesos anticipados.
Las autoridades, la sociedad civil y observadores internacionales deben implementar medidas de transparencia, como auditorías de gastos digitales y operaciones mediáticas, para proteger la integridad democrática de Colombia.






